CRISTO VIVE NOS CONTÓ LA LEYENDA DE LA FUENTE SANTA

Hoy nos detenemos en la leyenda de la Fuente Santa, el misterio de la Virgen de la Fuensanta, nuestra patrona, representado por Cristo Vive, grupo teatral Villanovense más longevo de nuestra localidad.
Nuestros compañeros y amigos dieron voz, cuerpo y escenario, en el Regio, a una leyenda que sirvió además como apoyo benéfico para la restauración de la Virgen de la Fuensanta. Una representación cargada de emoción que nos anunció, con vida propia, que nuestra Virgen vuelve.




La Leyenda de la Fuente Santa
La reina mártir
El rey Alimenón —más bien gobernador— de Iznatoraf, al saber que su esposa se había convertido a la religión cristiana y, sobre todo, presionado por sus ministros para que hiciera cumplir las leyes, ordenó que en el bosque que se extendía bajo la falda de Iznatoraf, en el paraje conocido como La Moratilla, le cortaran las manos, le arrancaran los ojos y la abandonaran a su suerte para que pereciese.
El milagro
Cumplida la orden del rey, la reina, viéndose desamparada y sin auxilio humano alguno, invocó a la Santísima Virgen que veneraban los cristianos de Iznatoraf, muchos de los cuales permanecían encarcelados en las mazmorras.
La celestial Señora quiso consolar a la desgraciada reina apareciéndose ante ella y mandándole lavar los muñones de sus manos con el agua de una fuente que allí brotaba. Al hacerlo, recuperó milagrosamente sus manos. Después, siguiendo nuevamente el mandato de la Virgen, lavó sus ojos con aquella misma agua y el prodigio volvió a repetirse, recobrando también la vista.
La conversión del rey
Cuando el rey tuvo noticia de tan extraordinario milagro, abrazó la fe cristiana y ordenó levantar una ermita en el lugar donde había ocurrido el prodigio para que allí fuese venerada la Santísima Virgen. La tradición añade que también se construyó una fortaleza destinada a la defensa de la zona frente a los ataques musulmanes.
El traslado a Chincoya
Algún tiempo después, el rey de Almería conoció la conversión del gobernador y de los principales nobles de Iznatoraf. Decidido a sofocar aquella rebelión religiosa, envió tropas para someter la villa.
Los cristianos, comprendiendo que no podrían resistir el avance enemigo, abandonaron Iznatoraf y se retiraron a un monte llamado Chincoya, situado al otro lado del río Guadalquivir. Con ellos llevaron la imagen de la Virgen, preservándola del peligro y dando origen a una de las tradiciones marianas más arraigadas de la comarca


















