Coronavirus: 20 series y películas para entretener a tus hijos en casa por la cuarentena

La cuarentena ha cerrado colegios y universidades, y los padres buscan cómo entretener a los niños. Aquí unas recomendaciones audiovisuales.

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  • ‘Hora de aventuras’ (HBO)
    Una de las series animadas de culto. Gusta tanto a mayores como a los niños por su colorido universo que engancha desde el primer episodio. 
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  • ‘Bebé Jefazo’ (Netflix)
    Tras el éxito de la película de Dreamworks, se encargó una serie animada que seguía las aventuras de este bebé que se comporta como un adulto y que se puede ver en Netflix.
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  • ‘Chicken Run’ (Filmin)
    En la plataforma española tienen todas las obras maestras de Aardman, entre ellas esta película pionera hecha con figuras de plastilina, pero también toda la serie de Wallace y Gromit.
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  • ‘Dartacán y los mosqueperros’ (Filmin)
    Una de las series de la infancia de muchas generaciones se encuentra disponible en Filmin. Un buen momento para que los niños se enganchen a ella.
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  • ‘Mi amigo el gigante’ (HBO)
    Una de las películas más infantiles de Steven Spielberg fue esta adaptación de la obra de Roald Dahl llena de magia.
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  • ‘El grúfalo’ (Filmin)
    Un clásico literario que recientemente se convirtió a película. La novela de Julia Donaldson también se puede disfrutar de forma animada.
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  • ‘Klaus’ (Netflix)
    La película española que estuvo a punto de ganar el Oscar es una joya con la navidad como tema de fondo, pero que encantará a los niños en cualquier fecha.
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  • ‘El asombroso mundo de Gumball’ (HBO)
    Otra de esas series animadas que tiene muchos fans adolescentes y adultos. Está en HBO.
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  • ‘Mascotas’ (Netflix)
    El estudio que creó ‘Gru’ reventó la taquilla de nuevo con esta película que especula sobre qué hacen nuestras mascotas cuando no las vemos.
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  • ‘Mortadelo y Filemón’ (Filmin)
    El clásico de Ibáñez se convirtió en una serie animada que adaptaba las mejores aventuras de los agentes más torpes de la TIA. Ahora la podemos disfrutar en Filmin.
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  • ‘Paddington 2’ (Netflix y HBO)
    El oso más famoso de Reino Unido dio lugar a dos maravillosas películas llenas de encanto. La primera está en Netflix, mientras que su secuela también se puede disfrutar en HBO.
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  • ‘Patrulla Canina’ (HBO y Netflix)
    Las dos grandes plataformas ofrecen la serie con la que millones de niños han estado obsesionados. Esta súper patrulla de perros distraerá a los más pequeños durante horas.
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  • ‘Peppa Pig’ (Netflix)
    Otro de los fenómenos más masivos de los últimos tiempos es Peppa Pig, que se puede disfrutar en Netflix.
  • 14 de 20
  • ‘PJ Masks’ (Netfix)
    Gatuno y compañía son otra opción para entretener a los niños. Una serie sobre superhéroes infantiles que arrasa entre los más pequeños.
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  • ‘El principito’ (Filmin)
    El clásico de Antoine de Saint-Exupéry se convirtió en una original película que mezclaba diferentes tipos de animación.
  • 16 de 20
  • ‘Pocoyó’ (Netflix)
    El éxito español más internacional. El bebé Pocoyó y sus amigos Pato y Eli se encuentran disponibles para los más pequeños.
  • 17 de 20
  • ‘Harry Potter’ (Netflix)
    Toda la saga del mago más famoso está disponible para ver online, lo que equivale a decenas de horas pegados a la televisión viajando a Hogwarts junto a Harry, Hermione y compañía.
  • 18 de 20
  • ‘Super Wings’ (Filmin)
    Otra de las últimas obsesiones infantiles es esta serie sobre aviones animados que ha llenado de juguetes todas las casas.
  • 19 de 20
  • ‘Mi vecino Totoro’ (Netflix)
    Quizás la cuarentena es buen momento para que los más pequeños conozcan la animación de Ghibli y las joyas del maestro Hayao Miyazaki, como este clásico Totoro. Todas sus películas están en Netflix.
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  • ‘Jumanji’ (Netflix)
    La película de Robin Williams fue un auténtico bombazo, pero el reboot con Dwayne Johnson no se achantó y es una de las sagas más en forma de los últimos años.

Fuente: El Español

Trastorno de Depresión

Esta semana nos gustaría dejaros un cuadro resumen muy breve sobre el Trastorno de Depresión

Es uno de los trastornos más presentes en nuestra sociedad, suele provocar disfunciones en todas las áreas de la persona; dejan de salir a la calle, de relacionarse con sus amigos, despreocupan su imagen, mantienen una actitud negativa, bajo autoestima, sus comunicaciones son lentas y pobres, incluso en algunos de los casos llegan a abandonar el trabajo…

Las cifras de la depresión

  • La depresión constituye un reto para la salud pública, ya que su prevalencia es muy alta: el número de personas que la sufren a lo largo de su vida se sitúa entre el 8% y el 15%.
  • 350 millones de personas sufren depresión en el mundo.
  • Según la OMS, en la actualidad, la depresión es la principal causa de discapacidad en todo el mundo.
  • En Europa, representa más del 7% de la mortalidad prematura.
  • En España, el riesgo de que la población general desarrolle, al menos, un episodio de depresión grave a lo largo de la vida es casi el doble en mujeres (16,5%) que en hombres (8,9%), mientras que el porcentaje de personas que padece anualmente la enfermedad es del 4%.

(Estas cifras siempre son motivo de discordia, ya que muchos de estos paciente acaban desarrollando otras patologías que son las que acaban causando su motivo de intervención y tratamiento, quedando la depresión desmarcada en un segundo plano).

  • Diferentes trabajos publicados cifran en un 50% los trastornos depresivos que no reciben tratamiento o no el adecuado (psicofármacos o psicoterapia o combinación).
  • Hasta el 43% de los pacientes abandona el tratamiento y otro porcentaje importante no lo cumple como le ha sido prescrito.
  • Los datos señalan que cada episodio depresivo incrementa la probabilidad de una recaída posterior. Aproximadamente, un 60% de los pacientes que ha sufrido un episodio depresivo presenta al menos una recurrencia a lo largo de su vida.

(fuente: EfeSalud)

Este trastorno, es uno de los mayores causantes de suicidios o intentos autolíticos. Es por ello, por lo que ante la presencia de alguno de los signos y síntomas se recomienda siempre acudir a nuestro médico de atención primaria que nos derivará al especialista en Salud Mental, siendo este el encargado de diagnosticar el trastorno.

Escuela de familias

Continuamos con la escuela de familias y hoy te traemos un Taller informativo sobre el aprendizaje de las nuevas tecnologías, en el que abordaremos problemas como la adicción, cuanto tiempo debe estar un menor expuesto a las pantallas digitales, la educación en las TIC y mas problemas del día a día.

SIVOA

Ley 9/2016, de 27 de diciembre, de Servicios Sociales de Andalucía. Comunidad Autónoma de Andalucía.
BOJA núm. 248, de 29 de diciembre de 2016. BOE núm. 18, de 21 de enero de 2017Referencia: BOE-A-2017-657

EL SIVOA es un
SERVICIO, que se presta en los Centros de Servicios Sociales Comunitarios de la localidad de residencia de:
INFORMACIÓN y orientación, a la persona y, en su caso, unidad de convivencia sobre los RECURSOS DEL SISTEMA PÚBLICO DE SERVICIOS SOCIALES y otros sistemas de protección social, en función de las necesidades y demandas manifestadas.
VALORACIÓN y diagnóstico a la persona y, en su caso, unidad de convivencia, así como la prescripción facultativa de recursos y prestaciones sociales más adecuados para la atención de las necesidades sociales diagnosticadas.
ORIENTACIÓN, proporcionando un apoyo técnico, personal, acompañamiento y seguimiento en todo el proceso de intervención y evaluarlo.
ASESORAMIENTO, articulando respuestas integrales a las situaciones de necesidad de la persona y garantizar la continuidad de la atención y/o canalizando a la persona y/o unidad de convivencia hacia otros profesionales del equipo interdisciplinar del centro de servicios sociales comunitarios cuando se requiera de una intervención más específica, así como, en su caso, orientar o derivar hacia otros sistemas de protección social.


Los prestan los TRABAJADORES SOCIALES de los Centros de Servicios Sociales Comunitarios, de manera que cada persona y, en su caso, unidad de convivencia que acceda al Sistema Público de Servicios Sociales de Andalucía se le asignará un PROFESIONAL DE REFERENCIA, dependiendo de la zona de la localidad en la que resida.

Puedes encontrarnos en la calle Miguel Hernandez Sin numero (junto al centro de salud) o contactarnos en el teléfono 953451261.

La emoción de la vergüenza

La persona que siente vergüenza experimenta un gran malestar al negarse a sí misma e intentar adaptarse a las expectativas de los demás.

«¿Qué van a pensar de mí si explico realmente como me siento?», «Espero que no me pregunten, lo pasaría fatal si tuviese que responder delante de todos» o «Soy incapaz de hablar ante un gran público, me pongo demasiado nerviosa» son expresiones muy comunes de quienes tienen a la vergüenza como compañera de vida.

Evitar destacar, huir de cualquier momento en el que se pueda llamar la atención o rechazar invitaciones a opinar o realizar determinadas actividades son mecanismos desarrollados por esta emoción. La vergüenza desea que nos volvamos invisibles y para ello, es capaz de poner en marcha mil y una estrategias. Ahora bien, ¿qué más se esconde detrás de esta emoción? ¿cuál es su trasfondo? Profundicemos.

«Una de las emociones más poderosas en el mundo es la vergüenza y representa el miedo de que no somos lo suficientemente buenos».

-Brené Brown-

El obstáculo de la vergüenza

La vergüenza es la enemiga de la visibilidad, de la presencia. Es una emoción difícil que aparece para ocultar quiénes somos porque el miedo y la inseguridad le han informado de que lo pasaremos mal.

Según la doctora en psicología Mª José Pubill, la persona que experimenta vergüenza vive atemorizada por el miedo a que los demás descubran sus debilidades, que no son otras que ser ella misma.

La semilla que origina la vergüenza suele encontrarse en experiencias vividas en la infancia o adolescencia.

Mujer tapándose la cara

El origen de esta emoción suele encontrarse en una experiencia en la que la persona sintió o le hicieron sentir que no fue correcta, que no se comportó como debía y que en definitiva, su comportamiento no fue normal. De esta manera, quedó tan marcada por la inutilidad y la invalidez que evita a toda costa ser imperfecta o que al menos los demás la consideren así. Es tanto su miedo que, a veces, el bloqueo surge como defensa para protegerla, a la vez que se sumerge en un profundo estado de frustración por no llegar a ser la persona en la que desea convertirse.

Ahora bien, tener vergüenza implica por un lado, experimentar emociones como la culpa y el miedo y por otro, mecanismos como la perfección y el control para superar el sentimiento de inadecuación. El problema es que más allá de ayudar suponen todo lo contrario: una obstaculización a la hora de crecer y evolucionar.

No obstante, si vamos un poco más allá nos daremos cuenta de que la vergüenza implica una falta de respeto y tolerancia a uno mismo y en definitiva una baja autoestima.

Vergüenza y autoestima: ¿cómo se relacionan?

La vergüenza es ese miedo a ser, a mostrar lo que uno es, a optar por ser invisible para evitar ser objetivo de críticas y calificado como no válido. Por lo tanto, experimentar esta emoción implica una falta de respeto y tolerancia a uno mismo y por ende, una baja autoestima fruto de estar en un segundo plano.

La vergüenza envuelve a la persona en un filtro negativo y de autodesprecio, a partir del cual se percibe como frágil y débil, a la vez que se enfada por ello.

Así, tener vergüenza es no sentirse cómodo en la propia piel, es no reconocerse y recorrer el camino de la desconfirmación sobre lo que uno es de manera progresiva. De esta manera, poco a poco se va apagando la iniciativa de ser el capitán que dirige el timón de la propia vida así como la sensación de poder personal.

Quien experimenta esta emoción pone en manos de los demás la valoración de sí mismo porque únicamente es capaz de verse a través de las miradas ajenas. Vive hacia afuera, pensando en el qué dirán, experimentando ansiedad cada vez que percibe que no es apropiado y desconectado de su interior. Su escenario está repleto de sufrimiento y exigencia.

La persona que tiene como núcleo de su vida a la vergüenza se niega a sí misma para adaptarse a lo que creen que se espera de ella.

Mujer triste mirando por la ventana

Echar a un lado los miedos para hacerse visible

A pesar de que esta emoción está considerada como una de las más complejas es posible trabajar con ella para disminuir su protagonismo y hacerla desaparecer. Ahora bien, ¿cómo derrotar a la vergüenza? Mejor dicho, ¿qué hacer para volvernos visibles, para valorarnos?

El primer paso comienza por reconocer y aceptar que sentimos vergüenza, es decir, que esta emoción forma parte de nuestro universo emocional. Una vez identificada, lo ideal es reflexionar sobre sus consecuencias, sobre el peso que tiene en nuestra vida y de qué manera nos limita, qué nos impide llevar a cabo.

Si lo hacemos con sinceridad, descubriremos que nos hemos vuelto invisibles a nuestros ojos y que nos medimos y valoramos según un baremo establecido por los otros. La cuestión es que no existe ningún baremo correcto ni adecuado, sino que lo establecemos nosotros, al igual que los pasos y el camino que queremos recorrer.

El siguiente paso sería decidir conocernos, conectar con nosotros y mostrarnos tal y como somos, es decir, comenzar a ser visibles. Ahora bien, no será fácil y más si hemos estado durante muchos años ocultos tras un personaje que se comportaba según esperaban los demás. La buena noticia es que nunca es tarde para darnos una oportunidad y convertirnos nuestro mejor amigo.

Localizar la situación a partir de la cual comenzó todo también puede ayudarnos, ya que nos proporcionará información sobre en qué momentos sufrimos y nos exigimos más. Además, este punto de inicio será clave para comprender la profundidad de nuestra herida, que no es otra que la traición a uno mismo y la vivencia de creer haber fallado a los demás.

«Vencer la vergüenza es convertirse en un ser adulto capaz de transformarse en rey o la reina de un nuevo país: nuestro yo».

-María José Pubill-

Mujer con miedo a la soledad mirándose a un espejo

Un ejercicio muy poderoso para hacernos visibles es ponernos frente a un espejo y observarnos sin tener en cuenta todo aquello que creemos que piensan los demás sobre nosotros.  ¿Qué vemos? ¿Cómo somos? ¿Cuáles son nuestras cualidades? ¿Qué necesita la persona que estamos viendo? La idea es liberarnos de las expectativas, de esas trampas mentales que nos impiden ser nosotros y ganar en seguridad. No somos mejor ni peor que nadie y compararnos tampoco es la solución, sino reconocer y sentirnos válidos.

En algunos casos puede que carguemos con sentimientos de rabia hacia la persona que en un primer momento nos recriminó que no lo hicimos bien. Para liberarla podemos escribir o simplemente pensar sobre qué le diríamos a esa persona. De esta forma, contactaremos con la carga que supone experimentar vergüenza para luego soltarla.

Como vemos, tener vergüenza supone mucho más que pasarlo mal en un momento determinado. Esta emoción induce a ser esclavos de las expectativas de los demás, a despreciarnos y en definitiva, a ser invisibles. De ahí que aprender a conectar con nosotros para conocernos y valorarnos sea fundamental para ganar en seguridad y tener presentes que no se trata de ser perfectos sino íntegros para saborear el bienestar.

«La liberación es no sentirse ya nunca más avergonzado de uno mismo”.

-Friedrich Nietzsche-

Distorsiones Cognitivas

¿Tu hija o hijo presenta Distorsiones Cognitivas?
Al igual que los adultos, los niños o adolescentes pueden presentar distorsiones cognitivas. Son errores en las interpretaciones de las situaciones de la vida diaria del menor que causan mucho malestar a nuestros pequeños.

En esta imagen aparecen recogidos unos ejemplos de distorsiones que pueden aparecer.

La presencia de estas no debe ser ignorada pues si nuestro/a hijo/a crece y automatiza este tipo de distorsiones le generarán entre otros: Baja autoestima y autoconcepto, Inseguridad, Trastornos de ansiedad y depresión…

Para aquellas situaciones más graves o agudas, debemos ponernos en manos de los especialistas que nos ayudaran a gestionar y resolver el problema.

La Serenidad

¿Podemos mantener la calma en los momentos difíciles? ¿Somos capaces de permanecer serenos cuando nos agraden? ¿Es posible no reaccionar con violencia y reflexionar antes de actuar?

Cristophe André, médico psiquiatra y psicoterapeuta, autor de libros científicos y de divulgación científica vendidos en gran parte del mundo, cree que sí; y afirma que tener o no tener serenidad no es sólo una condición genética sino que también se puede aprender.

La serenidad es un estado de ánimo que hay que construir y que surge como resultado de determinados esfuerzos.

Sin duda viviríamos en un mundo mejor si fuéramos capaces de controlar los impulsos; las relaciones personales serían más estables y duraderas, la gente reflexionaría más porque no se dejaría llevar por las pasiones ni por influencias externas, disminuiría la tensión en el ambiente, no habría razón para estar preocupado, aumentaría la concentración mental y la paciencia, y todos seríamos más libres y compasivos.

La violencia siempre está dirigida inconscientemente hacia uno mismo, cuando no tenemos paz interior y se proyectan hacia afuera las propias frustraciones.

Las frustraciones se relacionan con las expectativas, pero no con todo aquello que esperamos de nosotros mismos sino con lo que esperan los demás de nosotros.

La inquietud interior y la disconformidad nos vuelven agresivos y no nos permiten vivir cada instante como si fuera el último, sin sembrarle la sombra de los resentimientos del pasado.

El hacer ha reemplazado al Ser, o sea que la acción ha anulado la contemplación y somos incapaces de disfrutar de las experiencias porque no podemos parar.

No se trata de sentarnos a meditar en el silencio de la soledad, sino de aprovechar para estar con nosotros mismos durante los momentos vacíos de acción, o sea en los intervalos de tiempo que nos depara nuestra actividad, sin apresurarnos a utilizar el celular, ni ponernos a escuchar música, ni dedicarle esos minutos a la lectura.

Parar para conectarse con el si mismo es la primera regla de la práctica de la serenidad, sentir que estamos vivos, identificar el estado de ánimo y tomar conciencia de los pensamientos que ocupan la mente.

Otra de las reglas importantes es aceptar las emociones y atreverse a observarlas para detectar qué parte del cuerpo se asocia con ellas.

Estas prácticas aumentan el conocimiento de uno mismo y nos ayudan a ver la relación entre el cuerpo y la mente.

Los estados de ánimo son el resultado de cómo elaboramos las emociones, por eso es importante saber cómo las experimentamos, sin son ellas las que nos dominan a nosotros o si somos nosotros los que las controlamos.

Al margen de nuestro estado de ánimo, los acontecimientos ocurren igual a nuestro alrededor y perder el control de las emociones no nos permite actuar en forma reflexiva para hacer lo mejor.

Lograr el equilibrio emocional es posible si evitamos preocuparnos por cosas que aún no han sucedido; si le damos más importancia a las cosas de la que tienen; si nos empeñamos en mantener el control y no aceptamos las cosas como son; si aceptamos que no somos perfectos, si podemos vivir en la incertidumbre con confianza, si aceptamos que los problemas son desafíos, no obstáculos, si reconocemos que estamos en este mundo de paso y que todos algún día tendremos que abandonarlo.

Fuente: “El aprendizaje de la serenidad, Cristophe André, Ed.Kairós.