EL PADRE ETERNO Y LA CALLE CANTARERÍAS CIERRAN LAS VERBENAS DEL MES DE MAYO

EL PADRE ETERNO Y LA CALLE CANTARERÍAS CIERRAN LAS VERBENAS DEL MES DE MAYO

El Padre Eterno y la calle Cantarerías cerraron las verbenas de mayo, un mes que nos ha llevado por calles, barrios y vecinos, y que termina con una fiesta tradicional y mítica de Villanueva, con un grupo de vecinos que nos enamora por su trabajo. unión y esfuerzo que hacen posible la Fiesta del Padre Eterno. 

Os dejamos aquí un artículo de Manuel López Fernández sobre la historia de la calle Cantarerías y de la Fiesta del Padre Eterno, un guiño para todos aquellos que queréis conocer mejor esta calle de obligado paso para todos.

ARTÍCULO PARA EL 

BOLETÍN DE CRONISTAS OFICIALES 

POR D. MANUEL LÓPEZ FERNÁNDEZ 

La fiesta de la calle Cantarerías, una tradición viva en Villanueva

La fiesta de la calle Cantarerías, que se celebra tradicionalmente a finales de Mayo. En este 2026 el Sábado y Domingo 23 y 24 de Mayo. 

Conocida también como la calle del “Padre Eterno”, Cantarerías mantiene viva una de las tradiciones más entrañables de Villanueva. La festividad está ligada a la celebración de la Ascensión de Jesús, que tiene lugar cuarenta días después del Domingo de Resurrección, y reúne cada año a vecinos, visitantes y familias enteras en un ambiente de convivencia y hospitalidad.

La fiesta ha logrado mantenerse gracias al esfuerzo de generaciones de vecinos y, especialmente, al entusiasmo de numerosos jóvenes que continúan implicándose en su organización. En esta labor destaca también el importante papel de las mujeres de la calle, fundamentales por su capacidad organizativa y su compromiso con la tradición.

Un origen que se pierde en los siglos

La devoción a la Ascensión en la calle Cantarerías se remonta siglos atrás. Francisco Ruiz Feo, vecino de la villa, declaraba ser propietario de unas casas situadas en esta calle, “en cuya pared está el cuadro de la subida a los cielos”. El documento, fechado antes de 1776, confirma la antigüedad de esta tradición.

Sobre el origen de esta devoción han llegado hasta nuestros días dos versiones transmitidas oralmente por los mayores de la calle.

La primera relata que en la casa donde hoy se encuentra la hornacina vivía un matrimonio de avanzada edad con una única hija de profunda vocación religiosa. La joven había instalado en una habitación de la planta baja un pequeño altar presidido por el cuadro de la Ascensión, que adornaba con flores y ante el que rezaba el rosario cada año. Según la tradición, un día escuchó una voz que le decía: “Cuida de tus padres; cuando mueras ingresarás en un convento y a este cuadro se le dará culto aquí”.

La segunda versión sitúa la historia en una vivienda propiedad de la familia Campiña. Cuenta la tradición que una joven, mientras barría el portal, perdió una aguja que cayó al suelo. Al agacharse para recogerla observó un pequeño agujero desde el que podía verse el Purgatorio, donde contempló a su padre sufriendo grandes penalidades. Tras confesarse, le aconsejaron levantar allí una pequeña capilla.

La hornacina y el cuadro actual

En 1982, durante la construcción de una nueva vivienda, fue necesaria una remodelación de la capilla. El propietario optó por diseñar una nueva hornacina adaptada a los tiempos actuales, aunque respetando el cuadro y la tradición original. Gracias a ello se conservó un importante elemento del patrimonio popular del pueblo, algo que no ocurrió con otras hornacinas hoy desaparecidas.

El cuadro actual fue pintado por José Luis Nula López en 1942 y sustituyó al anterior, destruido durante la Guerra Civil. La obra representa la Ascensión de Jesús ante la mirada de los apóstoles. La figura de Cristo está inspirada en una copia de la escuela italiana de Bartolomé de Llaporta conservada en el Palacio Pitti de Florencia. El encargo fue realizado por Sebastián Peña Baldán, entonces presidente de la Hermandad, quien insistió especialmente en que apareciera la figura de María Magdalena.

También forma parte de esta tradición una antigua campana que durante años permaneció desaparecida y que, afortunadamente, pudo recuperarse. Hoy vuelve a sonar cada festividad anunciando la celebración.

Una fiesta de convivencia y fe

Los cohetes anuncian durante siete días el rezo del Santo Rosario en el altar levantado frente al cuadro. La celebración culmina con una verbena popular amenizada este año por el grupo “Manigua”, el alumbrado especial de la calle y la instalación de los tradicionales chiringuitos organizados por las Cofradías de Semana Santa.

Churros, paseos, encuentros y saludos entre vecinos y visitantes convierten estas jornadas en un punto de reunión para numerosos villanovenses.

El domingo tiene lugar la celebración de la Eucaristía, acompañada musicalmente por el Coro Parroquial. Durante la misa, las oraciones y el recuerdo emocionado a quienes ya partieron congregan a vecinos de la calle, de las vías cercanas y a numerosos fieles que, con su presencia, muestran su apoyo y cariño a una fiesta que sigue siendo símbolo de identidad, memoria y tradición popular.